Capítulo disponible en: Inglés
Francés
Italiano
Rumano
Siguiente
es por el día, pasaré por delante de la celda y os deslizaré una nota, bien por debajo de la puerta, bien por el postigo, entre la primera y la segunda inspección de mi padre.
¡Oh, Rosa! ¡Eso es! Una palabra vuestra anunciándome esta noticia, será una doble felicidad.
Son ya las diez dijo Rosa , es preciso que os abandone.
¡Sí! ¡Sí! exclamó Cornelius . ¡Sí! ¡Marchaos, Rosa, marchaos!
Rosa se retiró cabizbaja.
Cornelius casi la había despedido.
Cierto que era para vigilar el tulipán negro.
XXII La Floración
La noche transcurrió muy lenta y al mismo tiempo muy agitada para Cornelius. A cada instante le parecía que la dulce voz de Rosa lo llamaba: se despertaba sobresaltado, iba a la puerta, acercaba su rostro al postigo; no había nada en el postigo, el corredor estaba vacío.
Sin duda, Rosa velaba por su parte, pero más afortunada que él, velaba al tulipán. Tenía allí, bajo sus ojos, a la noble flor, esta maravilla de las maravillas, no solamente todavía desconocida, sino creída imposible.
¿Qué diría el mundo cuando supiera que se había logrado el tulipán negro, que existía, y que era Cornelius van Baerle, el prisionero, quien lo había logrado?
¡Cómo Cornelius hubiera arrojado lejos de sí al hombre que hubiese venido a proponerle la libertad a cambio de su tulipán!
El día llegó sin noticias. El tulipán no había florecido todavía.
La jornada transcurrió como la noche.
La noche vino y con la noche una Rosa alegre, ligera como un pájaro.
¿Y bien? preguntó Cornelius.
¡Pues bien! Todo va de maravilla. ¡Esta noche sin falta florecerá